A razón de nuestra huelga de ayer, quería comentarles lo siguiente:
- Se hizo visible la huelga en los lugares donde las mujeres pueden protestar. Recordemos que hay un gran porcentaje de mujeres por el mundo que por motivos sociales, culturales o religiosos tienen prohibido expresarse y luchar.
- Los lemas reivindicativos estaban relacionados con la igualdad salarial, de género, de oportunidades laborales, la igualdad en realizar las tareas del hogar, en el cuidado de hijos y de mayores.
- Se habló de la violencia machista, de los «piropos» de mal gusto y del miedo que sentimos las mujeres cuando caminamos solas en la calle.
- Se habló también del «techo de cristal» con el que nos topamos las mujeres en nuestras vidas profesionales y los efectos que tiene la maternidad a la hora de buscar y encontrar trabajo, sin dejar de lado el «freno» que supone ser madre para el desarrollo de la carrera profesional.
- También se mencionó lo poco «amigas y solidarias» que podemos ser las mujeres unas con otras. Se referían al hecho de que, a veces, nos saboteamos entre nosotras mismas.
- Entre medias había lemas de sindicatos y organizaciones laborales que «aprovecharon» para hacerse visibles.
Leyendo los carteles y escuchando lo que declaraban las mujeres por los medios de comunicación, me sentía como en una competición donde los hombres tienen gran ventaja desde el momento de partida y esos mensajes me pedían que «haga más y más» para poder estar a la altura de ellos, y creo que eso es un error. Seguimos dando mensajes exigiéndonos como mujeres, ser «súper mujeres» para poder llegar a ser respetadas y consideradas en igualdad.
El discurso de la sociedad creo que se tiene que enfocar en que los hombres deben reconocer la igualdad de la mujer desde su nacimiento y que no tenemos que ser más profesionales o más madres o más inteligentes que uno de ellos para que nos respeten.
Ese discurso debe llegar a las niñas y niños por igual, enseñándoles que los roles sociales que se nos asignan por género deben ser compartidos. Que ambos, hombres y mujeres, somos capaces de lavar un plato, conducir un coche, cuidar de los niños o los mayores y llegar a ser ministros o presidentas, eligiendo con libertad lo que queremos ser, sin estar «presionadas» las mujeres en esforzarnos más y más para conseguir el respeto social que merecemos.
Es 9 de marzo, todas volvemos a las rutinas de siempre, se acabó la visibilidad en los noticieros y la prensa. ¿Qué nos queda? Mi esperanza está en educar a nuestros hijos e hijas en igualdad, ese es el pilar sobre el cual veo un cambio en el futuro.
¿Tú qué opinas?
La educación sin dunda es un pilar fundamental y fundacional del cambio en la conciencia social respecto a la igualdad entre mujeres y hombres. Igualdad entre sujetos que «sin ser iguales» deben tener los mismos derechos, obligaciones, libertades, oportunidades… en cuanto a su condición de sujeto social, sin importar su sexo, su lugar de nacimiento, su clase social….
Apuesto firmemente por la EDUCACIÓN como fuerza transformadora pero, simultáneamente y a la luz de los tiempos que corren, no podemos dejar de lado otras vías de expresión para la consecución de cambios sociales. La huelga de ayer es un fantástico ejemplo de ello.
Sí, estoy de acuerdo contigo.